OECD Multilingual Summaries

Society at a Glance 2014

OECD Social Indicators

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Panorama de la Sociedad 2014

Indicadores sociales de la OCDE

Resumen en español

Más de cinco años después de la crisis financiera, las elevadas tasas de desempleo y la pérdida de ingresos están complicando las condiciones sociales en muchos países de la OCDE. La capacidad de los gobiernos para superar tales retos se ve limitada por la consolidación fiscal. Sin embargo, se corre el riesgo de que los recortes al gasto social aumenten las dificultades de los grupos más vulnerables y de que en el futuro se generen más problemas. Los países de la OCDE pueden superar de manera eficaz estos desafíos sólo con políticas públicas bien diseñadas y respaldadas con recursos adecuados. Tras haber librado los peores efectos de la crisis, las principales economías emergentes se enfrentan a diferentes retos. Sin embargo, la experiencia de los países de la OCDE les será de utilidad en la medida en que éstas sigan creando sistemas de protección social “a prueba de crisis”.

La crisis financiera ha alimentado la crisis social

La agitación financiera de 2007‑2008 no derivó sólo en una crisis económica y fiscal, sino también social. Los países que padecieron los estancamientos más prolongados e intensos resienten los fuertes efectos en cadena sobre las perspectivas laborales, el ingreso y las condiciones de vida de la gente. Unos 48 millones de personas en los países de la OCDE buscan empleo, 15 millones más que en septiembre de 2007, y millones más atraviesan por dificultades financieras. La cantidad de personas que viven en hogares sin ningún ingreso laboral se ha duplicado en Grecia, Irlanda y España. Los grupos de ingresos bajos han sido los más afectados, al igual que los jóvenes y las familias con niños.

Las consecuencias sociales podrían persistir por años

En un contexto de presión sobre los hogares y escrutinio de los presupuestos para apoyo social, cada vez más personas dicen estar insatisfechas con su vida, al tiempo que se ha reducido la confianza en los gobiernos. También hay señales de que la crisis ensombrecerá el bienestar futuro de la gente. De hecho, algunas de las secuelas sociales de la crisis en aspectos como formación de la familia, fertilidad y salud, no se percibirán sino a largo plazo. Las tasas de fecundidad han disminuido desde el comienzo de la crisis, lo que ha acentuado las dificultades demográficas y fiscales del envejecimiento de la población. Las familias también han hecho recortes en gastos básicos, como en la alimentación, lo que pone en peligro su bienestar actual y futuro. Aún es muy pronto para cuantificar los efectos de más largo plazo en la salud de la gente, pero se sabe que el desempleo y las estrecheces económicas contribuyen a diversos problemas de salud, entre ellos las enfermedades mentales.

Invertir hoy para evitar el aumento de costos mañana

Los ahorros de corto plazo pueden convertirse en costos mucho más altos en el futuro, por lo que los gobiernos deberían dar prioridad al financiamiento de los programas de inversión. Debe evitarse que los recortes actuales en el gasto en salud susciten aumentos en las necesidades de atención médica mañana. En particular, los países muy afectados deben asegurar el acceso a servicios de calidad para los niños y prevenir la exclusión del mercado laboral de quienes abandonan los estudios.

Los grupos vulnerables necesitan apoyo ahora

Sin embargo, para que las inversiones sociales sean eficaces deben formar parte de un apoyo adecuado para los más pobres. Mantener y fortalecer el apoyo para los grupos más vulnerables debe seguir siendo elemento decisivo de cualquier estrategia de recuperación económica y social. Por consiguiente, los gobiernos necesitan sincronizar y diseñar medidas de consolidación fiscal, ya que el efecto distributivo de esas medidas puede variar mucho: por ejemplo, los pobres pueden sufrir más por recortes al gasto que por aumentos a los impuestos.

El margen para recortar el gasto en desempleo es limitado

Los mercados laborales débiles ofrecen poco margen para recortar el gasto en subsidios por desempleo, asistencia social y programas activos del mercado laboral. En los casos en que puedan hacerse ahorros, éstos deben lograrse en concordancia con el ritmo de la recuperación. Las prestaciones previstas de las redes de protección, en particular, son prioritarias en los países donde no existe ese apoyo o es de difícil acceso, o cuando quienes no han tenido trabajo durante un periodo prolongado están agotando el apoyo que reciben por estar desempleados. Deben evitarse los recortes generales en las transferencias sociales, como los subsidios para vivienda e hijos/familia, ya que en muchos casos esas transferencias son un apoyo vital para las familias trabajadoras pobres y las monoparentales.

La focalización puede generar ahorros y proteger al mismo tiempo a los vulnerables

Seleccionar el objetivo con mayor eficiencia puede generar ahorros sustanciales y proteger al mismo tiempo a los grupos vulnerables. Las reformas a la atención de la salud, en particular, deben dar prioridad a la protección de los más vulnerables. Sin embargo, es necesario afinar la focalización para evitar la creación de incentivos perversos que disuadan a la gente de buscar trabajo. Por ejemplo, los desempleados que estén a punto de entrar a un trabajo pueden tener pérdidas o ganar muy poco cuando dejen de recibir un subsidio y empiecen a devengar un salario.

Apoyar los esfuerzos de las familias para hacer frente a la adversidad

Hay buenas razones para diseñar el apoyo del gobierno de manera que se aprovechen y complementen las propias capacidades de los hogares para afrontar la adversidad, en vez de sustituirlas. En este aspecto, es especialmente importante apoyar de manera eficaz el empleo, aun cuando eso implique un mayor gasto en políticas sociales activas en el corto plazo. La activación del mercado laboral y el apoyo en el trabajo se deben mantener en niveles razonables. En los casos en que haya un gran número de hogares sin trabajo, los esfuerzos de política pública deben centrarse en garantizar que éstos se beneficien rápidamente una vez que mejoren las condiciones del mercado laboral. Por ejemplo, para que los incentivos y el apoyo laboral sean tan eficaces como sea posible, no deben limitarse a quienes solicitan empleo en lo individual, sino que también deben estar disponibles para la pareja que no trabaja.

Los gobiernos necesitan planear para anticipar la próxima crisis

Para crear políticas sociales “a prueba de crisis” y mantener un apoyo eficaz a lo largo del ciclo económico, los gobiernos no sólo deben considerar la depresión económica reciente. En primer lugar, deben hallar formas de acumular los ahorros durante las fases de expansión para asegurar que pueda cubrirse el aumento de costos durante las depresiones económicas. En lo referente al gasto, el apoyo deben vincularlo más con las condiciones del mercado laboral; por ejemplo, al reducir en forma creíble el gasto en subsidios durante la recuperación, y al pasar los recursos de los subsidios a las políticas activas del mercado laboral. En cuanto a los ingresos, deben trabajar para ampliar las bases tributarias, reducir su dependencia de los impuestos al trabajo y ajustar los sistemas fiscales para acabar con la creciente desigualdad en los ingresos. En segundo lugar, los gobiernos necesitan continuar con las reformas estructurales de los sistemas de protección social iniciadas antes de la crisis. De hecho, la crisis ha acelerado la necesidad de dichas reformas. Por ejemplo, en el terreno de las pensiones, algunos jubilados futuros corren el riesgo de una mayor inseguridad en los ingresos debido a los largos periodos de carencia de trabajo durante la edad laboral. En el sector de la salud, son preferibles las medidas estructurales que eliminen los servicios innecesarios y consigan incrementos de eficiencia, a los recortes no focalizados que limiten el acceso a los servicios médicos a los más vulnerables.

© OECD

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© OECD (2014), Society at a Glance 2014: OECD Social Indicators, OECD Publishing.
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