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African Economic Outlook 2016

Sustainable Cities and Structural Transformation

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Perspectivas Económicas de África 2016

Ciudades sostenibles y transformación estructural

Resumen en español

La edición de Perspectivas Económicas de África 2016 muestra los buenos resultados del continente en materia económica, social y de gobernanza; así como las perspectivas alentadoras que tiene para el futuro próximo. En esta edición, con el tema especial de ciudades sostenibles y transformación estructural, se examinan minuciosamente las peculiares rutas de África hacia la urbanización; y cómo desplaza cada vez más sus recursos económicos a actividades que sean más productivas.

Durante 2015, el crecimiento económico de África se mantuvo fuerte en medio de una economía mundial débil, precios más bajos de las materias primas y condiciones meteorológicas adversas en algunas partes del continente. El PIB real creció 3.6% en promedio en 2015, superior al crecimiento mundial promedio de 3.1%; y más del doble que el de la zona del euro. A ese ritmo de crecimiento, África continuó como la segunda economía del mundo con más rápido crecimiento (después de los países emergentes de Asia), y varios países africanos figuraron entre las economías del mundo con más rápido crecimiento. Prevemos que el crecimiento económico de África repuntará paulatinamente durante el periodo 2016‑2017, basado en la recuperación de la economía mundial y en un aumento gradual de los precios de las materias primas. Sin embargo, este pronóstico es incierto dada la vulnerabilidad de la economía mundial y la alta volatilidad de las materias primas.

Los factores internos han apuntalado la capacidad de recuperación de África, lo que permite a los países enfrentar mejor los contratiempos. Respecto a la oferta, en los países donde las condiciones meteorológicas fueron favorables, la agricultura estimuló el crecimiento; pero las sequías o inundaciones hicieron que éste disminuyera en los países de África oriental y meridional. En los países ricos en recursos naturales, el crecimiento disminuyó conforme los precios más bajos de las materias primas presionaban los presupuestos gubernamentales y afectaban las inversiones. La actividad manufacturera mejoró en algunos países, pero se vio limitada por la escasez persistente de energía. Respecto a la demanda, el consumo interno y las inversiones en el sector de la construcción continuaron como los principales motores del crecimiento, lo que refleja un aislamiento relativo de las sacudidas externas. Sin embargo, la débil demanda mundial redujo el crecimiento de las exportaciones de África, en especial de los minerales y el petróleo; además, los ataques terroristas y los problemas de seguridad general en algunos países afectaron negativamente al turismo.

En la mayoría de los países africanos, cada vez se ha vuelto más importante mantener la deuda en niveles sostenibles en vista de las mayores presiones presupuestarias. En términos generales, los gobiernos continuaron acatando políticas fiscales prudentes, al limitar el gasto y aumentar la recaudación de impuestos. La rápida depreciación de los tipos de cambio y el debilitamiento de las cuentas corrientes provocaron un alza en la inflación importada. Eso indujo a los países afectados a endurecer la política monetaria para aplacar las presiones inflacionarias. Algunos países se beneficiaron de la inflación decreciente debido a los precios más bajos de la energía. Eso creó más posibilidades de distensión monetaria a través de una reducción de las tasas de interés para estimular el crecimiento.

En 2015, los flujos financieros netos para África se calcularon en USD 208 mil millones; 1.8% inferior a 2014. La Ayuda Oficial para el Desarrollo aumentó, pero la estabilidad de las remesas siguió siendo la principal fuente que contribuyó a los flujos financieros netos del continente. Las emisiones de bonos soberanos se incrementaron a pesar de las tasas de interés más altas, lo que refleja una falta general de recursos entre los países emisores. Sin embargo, la inversión extranjera directa en los sectores del petróleo y los metales disminuyó cuando el sector de la extracción fue golpeado por la caída en los precios de las materias primas. Los valores netos en cartera y los flujos de crédito de la banca comercial se agotaron completamente, reflejando condiciones de liquidez mundial estrictas y la actitud vacilante del mercado. A raíz de la desaceleración del crecimiento en las economías emergentes importantes, el crédito comercial bilateral también resultó afectado. Las políticas públicas ahora deben proponerse estabilizar las fuentes financieras actuales y explorar otras nuevas para apoyar la infraestructura, la formación y el empleo.

Los resultados del crecimiento de África durante los últimos 15 años han creado nuevas oportunidades para el comercio. Es probable que la Unión Europea siga siendo el principal socio comercial de África; sin embargo, el Acuerdo Tripartito de Libre Comercio propuesto entre tres de los bloques comerciales más grandes del continente podría aumentar el tamaño del mercado, lo que se traduciría en beneficios económicos. El acuerdo podría disminuir las diferencias de ingresos en los países africanos y ayudar a la integración financiera de las regiones, siempre y cuando los gobiernos consoliden las reformas estructurales y de regulación y fomenten la estabilidad macroeconómica. Los gobiernos también tendrán que dar a los bancos panafricanos un papel más importante en cuanto a financiar el comercio, fomentar la liquidez de los mercados de capital y captar nuevas fuentes monetarias para financiar el comercio intrarregional.

Los países africanos han progresado de manera ininterrumpida al ampliar las opciones educativas y de salud para sus ciudadanos y mejorar sus niveles de vida, pero el ritmo es insuficiente. El progreso se ha visto obstaculizado por la desigualdad entre y dentro de los países, y entre hombres y mujeres. Lo frenan varios factores: la falta de oportunidades para los jóvenes, una transformación estructural deficiente, sobre todo en sectores dominados por los grupos marginados (eso incluye la agricultura y los sectores informales) y pocas inversiones en programas de empoderamiento de las mujeres e igualdad de género, fuera de la esfera política. El progreso humano para poblaciones de crecimiento rápido y creciente movilidad sigue siendo un desafío importante, como se abordó en las Agendas 2030 y 2063.

La urbanización de África aporta beneficios de desarrollo humano pero no para todos. Por lo tanto, erradicar la creciente pobreza urbana debería ser parte integral de las nuevas estrategias de urbanización. Las tensiones subyacentes entre los grupos sociales a causa de la exclusión económica, política y social pueden superarse al asegurar que los ciudadanos cuenten con medios de vida seguros y acceso a servicios de calidad. También depende de los gobiernos aumentar la seguridad, promover los derechos humanos y proteger a los más vulnerables en la sociedad. Esto será primordial conforme los ciudadanos africanos aumenten sus demandas de mejores oportunidades económicas y de instituciones más transparentes y confiables. Estas demandas requieren una respuesta adecuada a través de políticas regulatorias acertadas y la prestación eficaz de servicios públicos. Varios países han dado buenos ejemplos que sientan las bases para alcanzar las metas de desarrollo, lo que incluye una transición política exitosa en Burkina Faso en 2015, el Premio Nobel de la Paz para el Cuarteto Nacional de Diálogo de Túnez, y reformas exitosas en los sistemas de salud de algunos otros países.

La rápida urbanización de África es una enorme oportunidad, no sólo para los habitantes urbanos sino también para el desarrollo rural. Como aún deben hacerse dos terceras partes de las inversiones en infraestructura urbana para 2050, hay mucho margen de que las nuevas políticas urbanas de amplio alcance conviertan a los pueblos y ciudades africanas en los motores de una transformación estructural sostenible. Crear trabajos más productivos para la población urbana de rápido crecimiento es fundamental para lograr este objetivo. Esas nuevas políticas urbanas, a nivel nacional y local, tienen un papel fundamental en i) el desarrollo económico, a través de una mayor productividad agrícola, industrialización y servicios; ii) el desarrollo social, al centrarse en vivienda urbana más segura e incluyente y en redes de protección social fuertes; y iii) la ordenación ambiental acertada, al atacar los efectos del cambio climático, la escasez de agua y otros recursos naturales, controlar la contaminación atmosférica, diseñar sistemas de transporte público que no contaminen, mejorar la recolección de basura y dar mayor acceso a la energía. Incluyen aumentar las inversiones en infraestructura urbana, mejorar la conectividad con las zonas rurales; equiparar los mercados inmobiliarios formales con la demanda de vivienda, controlar la expansión del suelo urbano y diseñar sistemas de transporte colectivo público dentro de las ciudades y entre éstas. Las nuevas políticas deberán adaptarse a los aspectos específicos de la realidad urbana de África, aprovechar formas innovadoras de financiar el desarrollo de ciudades sostenibles y aplicarse a través de sistemas eficaces de gobernanza multinivel. En 2016, la postura africana común en materia de desarrollo urbano y la Nueva Agenda Urbana internacional ofrecen oportunidades para examinar opciones y empezar a articular esas nuevas políticas de urbanización en torno a las estrategias para la transformación estructural de África.

© OECD

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© AfDB, OECD, UNDP (2016), African Economic Outlook 2016: Sustainable Cities and Structural Transformation, OECD Publishing.
doi: 10.1787/aeo-2016-en

 



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